¿Qué tan malo es el dolor? ¿Cómo una puntada en el corazón? El dolor duele, pero que duela no es necesariamente malo. Dios permite el dolor con propósitos, y a los que le aman todo ayuda a bien; incluso el dolor. Si aprendiéramos a creer de verdad esto, aceptaríamos el dolor de otra manera. Dejaríamos de tratar de huir de él, dejaríamos de buscar soluciones vanas e instantáneas para no sentirlo. Si aprendiéramos a vivir con dolor de vez en cuando, seriamos más libres, viviríamos libres de ahogar las penas en la comida, en la bebida, libres de drogas, libres de comernos las uñas, de autolesionarnos, de suicidarnos, de vivir esclavos de la pornografía y/o del placer sexual…viviríamos más libres de todas esas cosas que en su intento por aliviar el dolor nos hacen daño, y como el daño produce dolor, necesitamos más de eso que nos hace daño, y terminamos atrapados en un círculo de falso e inútil manejo del dolor. Preferimos manejar el dolor con daño, porque es más fácil (e imprudente) vivir en la ilusión de que podemos apagar el dolor tocando un interruptor cuando y como queremos, en vez de aceptar valientemente que necesitamos quebrar nuestro ego y confiar (no solo en creer en su existencia) en que Dios permite este dolor por un propósito, y que a un tiempo –el cual no lo conocemos ni controlamos- el dolor va a pasar, y que va a haber valido la pena porque habrá sido para bien.
“Solo yo (Dios) sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para su bien, y no para su mal, para que tengan un futuro lleno de esperanza”
Vieron que hay personas, situaciones o cosas que te influyen para toda la vida? Bueno, yo te quiero contar sobre algo que aún hoy llevo como parte de mi esencia, pero en realidad es alguien que conocí hace como 13 años. Estando en la facultad un día entré a una clase que no era la mía a hacer cosas de delegada de estudiantes. Entré, miré y dije "Están sin profe?" pensando que estaban solos los alumnos. Uno de ellos levanta la mano y me dice "no, yo soy el profe" y todos se rieron de fondo. Me di cuenta que conocí al famoso del que me habían hablado. "No te das cuenta de que es profesor" me decían. Y es que su apariencia era distinta. Distinta a lo que se esperaba. No tenía nada malo, pero uno, en esas locuras que la sociedad te hace creer, se esperaba una cosa. Y definitivamente veía otra. El es psiquiatra, para ser psiquiatra primero se debe ser médico, por ende era "Doctor". En el contexto cultural de aquel país el "doctor" era el q...
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